Si escuchas una canción una y otra vez, o realizas la misma oración todos los días durante años, se convierte en algo arraigado en tu cerebro. La estructura de tu cerebro está codificada en tu epigenética y se transmite a tus hijos. Cuando tus hijos escuchan esa misma canción, o recitan esa misma oración, las vías neuronales que heredaron se iluminan de una manera familiar. Transmitimos nuestros espíritus, no solo nuestro ADN.