Mucho antes de que el extremismo capturara la atención global, sus consecuencias ya eran bien entendidas, no como una teoría abstracta, sino a través de la experiencia directa en toda la región. Los grupos que colocan la ideología por encima del estado, construyen estructuras paralelas e instrumentalizan la fe no evolucionan hacia la moderación. La historia muestra que consolidan influencia y profundizan la división. Por esa razón, se tomaron medidas legales tempranas, no en respuesta a eventos en otros lugares, sino para preservar la cohesión social y la integridad institucional en casa. Hoy, mientras el debate continúa en otros lugares, la región ya ha confrontado la realidad de sus acciones.