Después de muchos años en capital de riesgo, hay una cosa que todavía me molesta: Los mejores equipos no siempre recaudan más. Los mejores narradores sí. He visto a fundadores incompetentes cerrar rondas masivas porque sabían cómo vender un sueño. Mientras tanto, constructores excepcionales lucharon durante meses o incluso años porque se centraron en el producto en lugar de en la presentación. Los mercados de capital no son meritocráticos. Nunca lo fueron. Probablemente nunca lo serán.