La Península Arábiga antes del Islam tenía pluralismo, diversidad y libertad de religión. En La Meca, se adoraban 365 ídolos, pertenecientes a cientos de tribus diferentes, en el mismo lugar al mismo tiempo. El Islam no civilizó Arabia. Preservó su salvajismo (destruyó lo bueno en ella), lo santificó, lo congeló en el tiempo y ahora busca imponerlo al resto del mundo en el siglo XXI.