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Steve Jobs es recordado como un visionario, pero su hija Lisa Brennan-Jobs ha hablado a menudo sobre el lado complicado de crecer como su hija.
En sus memorias, recordó haberle preguntado a su padre si algún día podría tener uno de sus viejos Porsches. Solo tenía nueve años y había oído que él los cambiaba cada vez que se rayaban.
En lugar de reírse, Jobs respondió de manera tajante. Le dijo que no obtendría nada. Las palabras se quedaron con ella, no por el coche, sino por cómo la hicieron sentir.
Su infancia con Jobs estuvo marcada por la distancia mucho antes de que Apple se convirtiera en el gigante que es hoy. Cuando Lisa nació, Jobs inicialmente negó ser su padre. Una prueba de paternidad ordenada por el tribunal demostró lo contrario, y siguió la manutención infantil.
Con el tiempo, hizo más financieramente. Ayudó con la vivienda, la matrícula, y eventualmente le dejó una herencia significativa. Pero Lisa ha dicho que el apoyo emocional rara vez estuvo presente, y que a menudo sentía que todo tenía que ser peleado.
Su historia no se trata de retratarlo solo como cruel o solo generoso. Se trata de vivir con un padre que podía ser brillante y a la vez reticente. Y cómo un simple momento, como preguntar por un coche, puede revelar verdades mucho más profundas.

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