Habrá un estándar de conducta y un conjunto de criterios para la excelencia que se aplicarán a todos. El estándar único puede ser objeto de críticas, debates y esfuerzos de reforma. Puede ser objeto de humor y sátira. Puede ser reestructurado a través de un proceso deliberativo. Pero nada tan intelectualmente burdo y políticamente rebarbativo como referirse a todas las normas de civilidad y estándares intelectuales como "blancura" merece un lugar en la mesa. Este proyecto no ofrece nada de valor y debe ser aislado de toda influencia política e institucional para siempre.