Recuerda que Aida Rostami fue una valiente doctora en Irán. Cuidó de las personas que luchaban por la libertad protestando contra el régimen. Por esto, el régimen islámico la castigó de la manera más horrible. La torturaron, rompiéndole los huesos, la nariz y los hombros. Le sacaron el ojo izquierdo. Luego, la asesinaron. Su cuerpo roto cuenta una historia de crueldad inimaginable. Aida no merecía esto; ella era una sanadora, no una criminal. La maldad del régimen le quitó la vida porque se atrevió a ayudar a otros. Su sacrificio no debe ser olvidado. No podemos quedarnos en silencio. La historia de Aida es un llamado a la acción. Debemos honrar su valentía al levantarnos contra esta brutalidad.