El Reino Unido, una vez un faro de libertad de expresión y libertad, realmente ha perdido su camino. ¿Arrestar a ciudadanos por publicaciones “ofensivas” en redes sociales? Hablamos de miles cada año, con cifras disparándose. Es distópico: la policía llamando a las puertas por tuits mientras delitos reales quedan sin resolver. Gran Bretaña necesita recuperar sus principios antes de que sea demasiado tarde.