¡Recuerda esto! ¡Cuanto más se usa algo, mejor debe ser! Por ejemplo, zapatos, teléfonos móviles, ordenadores de oficina, ropa interior, almohadas, entorno de vivienda. Las cosas que se usan menos de una vez a la semana no necesitan ser compradas. Cuanto más llamativas son las cosas, más propensas son a fallar. Cuanto más complejas son las cosas, más hay que confiar en las marcas y en el paso del tiempo. Esta es la lógica de que si compro un coche eléctrico, definitivamente compraré un Tesla, no un Xiaomi.