A las mujeres se les enseña a ser sumisas para que puedan aprovecharse de nosotros. Un ejemplo: dejé mi coche en el concesionario para reparaciones. El tipo dice que necesitarán mantenerlo unos días—quizás dos, quizás cinco. Pedí un coche de cortesía; él dijo que lo sentía, que no había ninguno disponible. Le expliqué que vivo a una hora de distancia y que un Uber no funcionaría durante días. Me sugirió traerlo en otro momento cuando tuvieran uno. Le señalé que ya había conducido una hora y que el lote tenía cientos de coches, me sentía totalmente atrapada. Así que pensé, ¿qué haría un hombre? Hice un berrinche: dije “¡Necesito un maldito coche! Tienes que darme uno. Esta misma tontería pasó la última vez, y deberías haberlo arreglado hace cinco meses. ¡Dame un coche, por favor!” Entonces él fue a “verificar tres veces”, volvió y de repente apareció un coche de cortesía. Estoy sentada en él ahora. La moraleja de la historia: Sé amable cuando sea posible, pero cuando tengas dudas, actúa como un hombre.