Los niños que mantienen relaciones sólidas con sus abuelos a menudo muestran una mejor salud emocional y resiliencia. La investigación destacada por el Centro de Harvard sobre el Desarrollo Infantil muestra que las relaciones estables y de apoyo actúan como un poderoso amortiguador contra el estrés en la infancia. Estas conexiones nutritivas ayudan a regular el sistema nervioso y promueven un desarrollo emocional más saludable. Los abuelos a menudo proporcionan precisamente este tipo de presencia constante y cariñosa. Como resultado, los niños que los ven regularmente tienden a mostrar menos depresión, respuestas al estrés más calmadas y una mayor empatía.