La Copa del Mundo de 2026 en EE. UU., Canadá y México es, sin duda, un catalizador interesante. La colaboración entre los tres países es sin precedentes, y la lógica narrativa de los tokens deportivos es muy clara. Sin embargo, lo que realmente merece atención es la demanda de infraestructura subyacente: pagos transfronterizos, verificación de identidad digital, almacenamiento masivo de transmisiones en vivo. Ahí es donde realmente se encuentran los beneficios tecnológicos. El deporte es solo la entrada; la infraestructura de Web3 es el verdadero valor a largo plazo.