La codificación agentiva (codificación de vibraciones) comparte similitudes fundamentales con cualquier dominio que requiera tomar decisiones sobre entradas para lograr salidas deseadas. Ya sea en el trading, el póker o al solicitar a una IA, la dinámica central sigue siendo la misma: proporcionas alguna forma de entrada y recibes una salida basada en la calidad de esa entrada. Crea un bucle de retroalimentación que puede reforzar buenas prácticas o enmascarar malas, dependiendo de cómo interpretes los resultados. Sin embargo, hay un segmento de personas que se sienten atraídas principalmente por la emoción similar al juego del proceso. Ponen un esfuerzo mínimo en la elaboración de solicitudes, gestionando el contexto de manera efectiva, etc., pero se convencen de que están haciendo un trabajo significativo. Lo que sostiene su compromiso es el refuerzo intermitente de obtener ocasionalmente una salida semiútil, muy parecido al gancho psicológico de las máquinas tragamonedas o el trading especulativo. En última instancia, las mismas personas que tienen éxito en otros dominios complejos tendrán éxito aquí: aquellas con una sólida alfabetización en sistemas, metacognición y la capacidad de pensar en abstracciones y principios fundamentales. Entienden cómo estructurar deliberadamente sus entradas, reconocen patrones en lo que funciona y lo que no, y crean entornos que apilan las probabilidades a su favor. La herramienta cambia, pero las habilidades cognitivas subyacentes que separan a los practicantes efectivos del resto permanecen constantes.