Esto me recuerda a cuando trabajaba como gerente de producto. Cada vez que había que ajustar alguna pequeña función o solicitar datos, tenía que pedir ayuda a los técnicos como si fuera un niño, incluso tenía que comprar una taza de té con leche y llevársela, llamándolo "hermano xx" para que me ayudara a hacer algo. Si estaban de buen humor, me ayudaban sin problema; si no, me hacían seguir el proceso y presentar la solicitud en Aone (un sistema interno de gestión de código) para esperar a que me programaran, y esas cosas pequeñas tardaban mucho en resolverse. Así que la eficiencia que aporta la IA no solo se refleja en el trabajo, sino también en eliminar esas relaciones personales y protocolos.