Tus hijos olvidarán todo lo que les compraste y todos los lugares a los que los llevaste y todas las palabras que dijiste, excepto una cosa. La forma en que sonaba su nombre en tu boca. Eso es lo que llevarán a la oscuridad cuando te hayas ido. No tus lecciones, no tu dinero, no tu sabiduría. Solo el sonido de sí mismos en tu voz y si sonaba como un hogar o como una puerta cerrándose.