En muchas partes de Europa Occidental, la víspera de Año Nuevo se ha convertido en una noche en la que bandas de migrantes utilizan fuegos artificiales para atacar a la policía, bomberos, conductores de ambulancias y civiles comunes. Ciudades como Bruselas, París, Ámsterdam, Róterdam y Berlín se convierten en zonas de guerra.