Mi esposo no planeó nada especial cuando me pidió que me casara con él. No se arrodilló. No tenía un anillo. Solo preguntó si me gustaría ser la Sra. Alexander. Yo dije: "¡Sí!" Eso fue todo. No teníamos grandes expectativas para la propuesta y la boda en ese entonces. Lo que más importa es el compromiso mutuo.