Es honestamente tan simple. Solo sana el trauma familiar, regula tu sistema nervioso, rompe tus adicciones, procesa siglos de trauma cultural, repara tu estilo de apego, vuelve a criar a tu niño interior y desarrolla una práctica espiritual que disuelva las fronteras entre el yo y el otro... Oh, y no olvides pagar el alquiler, mantenerte hidratado, responder correos electrónicos y recordar parecer bien cuando alguien pregunte cómo estás.