El 1 de marzo de 1896, Henri Becquerel descubrió la radiactividad debido al mal tiempo. Había estado probando si el uranio podía absorber la luz solar y reemitirla como rayos X al colocarlo en placas fotográficas envueltas en papel negro. Pero París se nubló durante días, así que metió todo en un cajón de escritorio. Cuando reveló las placas, la imagen era sorprendentemente clara. El uranio estaba emitiendo radiación por sí solo. No se necesitaba luz solar. Este descubrimiento le valió el Premio Nobel de 1903. 40 años antes, un fotógrafo llamado Abel Niépce de Saint-Victor había hecho el mismo descubrimiento. A nadie le importó.